Cuando, una hora después, Mauricio se hubo marchado, Marga y Géminis se abrazaron dando saltos de euforia. El asunto había salido que ni bordado.
- Todo ha salido bien porque hemos dado con la persona idónea -aclaró Marga-. Pero, ¿quién te ha hecho de verdad ese tinglado en la cara?
- ¿Quién va a ser? El bruto de Braulio. Fui a los billares y le provoqué donde no le duele.
- ¿Y dónde no le duele a Braulio?
- En los cuernos, mujer. Dicen que no duelen, pero irritan.
- Qué bestia eres.
- Había que hacerlo bien. No creo que Mauricio dé marcha atrás. Lo tenía muy asumido.
- Has estado fabulosa.
- Gracias. ¿Qué vas a hacer tú?
- Qué voy a hacer de qué.
- Pues de la propuesta de matrimonio.
- ¿Qué quieres que haga? Me esconderé. Cuando venga mañana por la tarde, tú le darás unas letras que yo escribiré. Y ahí se acabará la película.
Géminis se acarició el pómulo. Ya no le dolía tanto. Marga había traído unas cervezas y se habían sentado en el estar.
- ¿Y el tema de su hijo? ¿Lo llevamos adelante?
Marga quedó indecisa.
- ¿Te da miedo?
- Puede. ¿Te das cuenta de que es la primera vez que nos hemos metido en algo de envergadura? Lo del hijo es aún más sofisticado. Primero tiene que enamorarse de mí.
- De ti se enamora cualquier hombre.
- Bueno. Pero después tiene que gustarle también a él el piso para que me dé el dinero de la entrada.
- Tú aportarás otro millón y no puede sospechar nada, por muy abogado que sea.
- ¿Y si no tiene el millón?
- Claro que no lo tendrá. Pero lo tendrá su padre. Eso está claro. Y el piso a quien tiene que gustar es a ti, que para eso serás su palomita.
- Vale. Ya hablaremos más adelante para perfilar los detalles. Mañana tarde lo seguiré para conocer a su hijo y saber dónde trabaja. Me tendrás que dejar tu coche.
- Pues claro. ¿Quieres que me ponga en contacto con el “intelectual”?
- Todavía no. Hasta que no esté la cosa más clara no hablaremos con él. El asunto del papeleo es para el final. De momento, mañana cuando Mauricio te traiga el talón, vas a la boutique para decírmelo. Si todo sale bien como esperamos, pediré unos días de vacaciones hasta que él se haya ido a Cartagena. Tendré que perderme del mapa. Eso de tener que decirle que es ya una persona mayor sería desagradable. Por mucho que lo disfrazara.
Géminis se recostó en el asiento. Luego observó cómo Marga, reclinándose en el sofá, se despojaba de la falda tendiéndose boca abajo. Seguramente que el joven de los prismáticos estaría ya en su ventana.
*****
Mauricio llegó a la casa de Marga. La había estado esperando durante una hora para comer y su tardanza le resultaba anormal. Algo tenía que haber sucedido. Aquella mañana había estado allí para darle a Géminis el talón por un millón de pesetas.
Llamó al timbre, abriéndose poco después la puerta.
- ¿Y Marga?
Géminis lo invitó a entrar.
- No está, Mauricio. Pasa.
Mauricio se quedó en el recibidos. Su gesto era adusto.
- ¿No sabes dónde está?
- Se ha marchado dejándome esta nota para ti.
Mientras hablaba, la joven había sacado un papel de un cajón de la consola.
Mauricio lo cogió rápidamente, leyendo lo que era toda una brutal despedida.
“Adiós, Mauricio. Jamás te olvidaré”.
Llevaba su firma.
Pero también llevaba una carga de vacío, sintiéndose incapaz de apoyar sus ideas.
Quiso decir algo, pero resultó inútil. No sabía qué decir.
Géminis lo vio marchar, sintiendo que un nudo le oprimía la garganta. Aquel hombre no se merecía aquella jugada…
Pero así era el mundo. Inhumano.



