Tenía serias dudas de dónde copiar este artículo (a mano, que tengo El Mundo de ayer delante, así que al menos apuntarme el mérito de teclear tanto). Al final ha ganado el blog de mi padre como medio para hacéroslo llegar, ya que trata de un tema que ha sido la bandera que reluce clavada en este sitio.
Hemos hablado en nuestros respectivos blogs tanto al respecto, que algunas frases me parece ser la segunda o tercera vez que las leo o las escribo; así que haré referencia en mis notas, escritas en este color, en un parlamento directo con personas concretas que sé que han reflexionado largo y tendido sobre lo dicho, tratando de enlazar aquellos sus posts en los que así lo dejaron reflejado.
Os invito a entrar a comentar este artículo (y por favor, los demás posts de mi padre también, él no los lee, pero yo sí).
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LA FELICIDAD COMO PROYECTO DE VIDA
(Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría).
La felicidad consiste en ilusión.
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La ilusión no es el contenido de la felicidad, pero sí su envoltorio. Tener ilusiones es vivir hacia delante, mirando hacia el porvenir y, en consecuencia, tener metas, retos, objetivos y planes por cumplir. Vivimos en el presente, sí, pero empapados de un futuro que se cuela dentro de nosotros y nos empuja a seguir hacia delante. Tener ilusiones es estar vivo y coleando. Como dice Don Quijote, “la felicidad no está en la posada, sino en medio del camino”. Nunca puede ser entendida como un destino, un lugar a donde uno llega y se instala y se queda allí ya de por vida.
La vida da muchas vueltas (((lo impensable te puede suceder mañana, levántate preparado))). Ha visto uno caer torres muy altas. La mejor de las vidas está envuelta de sinsabores, heridas, dificultades, cosas que se han torcido y han seguido un derrotero inesperado para nosotros y nos han obligado a reconducir nuestra travesía de otro modo. Si la vida es la gran maestra, el tiempo es su gran escultor.
Los psiquiatras sabemos que los depresivos viven especialmente hacia atrás, atrapados en el pasado negativo, sin poder zambullirse de él. Las personas psicológicamente sanas viven en el presente, pero inmersas en un futuro inmediato y mediato, próximo y lejano. Ese porvenir es el tirón que empuja a seguir luchando por sacar lo mejor de uno mismo.
Hoy, para mucha gente, la felicidad ha quedado reducida a tres cosas: bienestar, nivel de vida y seguridad. Cada una de ellas tiene su propio perímetro. El bienestar por sí mismo no da la felicidad: tener lo suficiente es una rampa de salida, positiva, adecuada, pero ahí no está la clave. El nivel de vida tiene un valor indudable, pero es mucha la gente que, con esta premisa cubierta, no es feliz (((Nanny, tú hablabas precisamente de esto))). La seguridad en la existencia humana siempre es relativa y uno está a merced de los vientos exteriores que pueden cambiar las condiciones personales y un golpe negativo de fortuna le da un vuelco a la vida propia, en cuestión de horas.
¿En qué consiste entonces la felicidad? ¿Dónde está la piedra filosofal para encontrar el camino adecuado? En hacer algo que merezca la pena con la propia vida, algo grande y positivo, de acuerdo con las posibilidades de cada uno. En una palabra: una vida lograda; sacarle el máximo partido estrujando sus principales argumentos.
La ilusión constituye la dimensión esencial del porvenir. Nos pasamos la vida pensando en el día de mañana. Ésa es la vertiente más fértil de la existencia. Vivir es adelantarse, proyectarse, desvivirse, paladear la sinfonía de sabores que la habitan en la vida como proyecto… Trazar una cartografía de objetivos a corto y largo plazo. Pero teniendo claro que los tres grandes asuntos que atraviesan la biografía están impregnados de amor, trabajo y cultura. Esa trilogía esencial que, como un ritornello, recorre la existencia por caminos unas veces claros y otras serpenteantes, adentrándose en los entresijos de todo el ser humano. Tríptico deslizante que, como un río caudaloso, va regando las distintas parcelas de la geografía personal (((Hache, carpe diem sí, pero aquí está la razón por la que “tus mujeres” quieren algo más de tu futuro: son mujeres sanas psicológicamente, así que no se lo reproches))).
La ilusión de llegar a ser uno mismo. Tarea de artesanía, luchando a brazo partido por superar las mil y una dificultades que inevitablemente asomarán, aquí y allá, en esos avatares que irán incidiendo sobre ella. Un buen lema es: luchar por aspirar a lo excelente. Pretender lo mejor. Buscar valores que le den calidad a la vida, en medio de una sociedad como en la que estamos inmersos: repleta de avances científicos, con grandes progresos, pero que en lo humano se ha ido deteriorando de forma notarial.
Son tantas las vidas desorientadas que vemos en la actualidad, muchas vacías de verdaderos contenidos y otras perdidas. Hay pocas vidas ejemplares que sean mostradas en los medios de comunicación. Por el contrario, se ha multiplicado la exposición de vidas de famosos (no de personas con prestigio, que eso es otra cosa) siempre que estén rotas, partidas, troceadas. Pensemos en los programas basura de tantas televisiones: mucha gente toma esto como un pasatiempo, y se han multiplicado los medios para rebajar el nivel hasta puntos mínimos (((Koti, ¿te suena?))).
Por el contrario, la felicidad como proyecto significa tener un horizonte de metas y temas por los que uno lucha con tesón, con el alma, con la cabeza, aspirando a lo mejor.
Para que el proyecto personal sea positivo, debe tener las siguientes características:
1º) Que sea coherente y realista. Es decir, que haya el menor número de contradicciones posibles dentro de ella y se asiente en la realidad.
2º) Amor y trabajo conjugan el verbo ser feliz; amar el trabajo y trabajar con amor.
3º) Capacidad para superar las adversidades, derrotas y frustraciones de la vida. La existencia humana es como un tapiz, precioso por fuera, pero que, cuando por curiosidad uno lo mira por detrás, descubre que está lleno de zurcidos de rotos que se han enmendado y de rajones que han sido subsanados. Por tanto, la capacidad para superar las heridas significa buena salud mental.
4º) Es conveniente tener preparado una especie de manual de emergencia para enderezar el rumbo cuando éste se ha salido de los carriles previstos. La vida es abierta y provisional. Pero tiene siempre un fondo dramático, nos puede pasar cualquier cosa y la seguridad absoluta es una moneda de escasa circulación.
5º) La amistad es una de las grandes acompañantes de la vida. Es el plato fuerte en el banquete de la existencia, pero también es siempre un riesgo, ya que dejar que los demás nos conozcan implica abrir la ciudadela interior y dejar que pasen y contemplen de cerca lo que realmente somos (((Pegasux, tú y yo esto ya lo intuíamos, ¿verdad? He visto estos días una bolsa de pipas “de la amistad” que si hubiera podido te la hubiera enviado))).
En la escala de las intensidades de los amigos, alcanzar una buena puntuación nos asegura complicidad, confidencia, intimidad, capacidad para desahogarnos en los momentos malos y buscar el apoyo y el refugio en el otro (((¿lo ves, Hache? en vez de quejarte de que se desahogan contigo, prueba a desahogarte tú; ah bueno, ya lo haces en el blog… deseo que también fuera de él))).
6º) La convivencia es un arte. La vida diaria sigue siendo la gran cuestión. Convivir es ceder, respetar al otro, pedir perdón y ser perdonado, y evitar el roce y la fricción que entorpece y desalienta. En la convivencia diaria uno se retrata; de ahí la importancia de cuidar los pequeños detalles del día a día, para hacerla amable y positiva (((me permito aquí ensalzar a Nanny-Ogg y a Ali-y-Cía como ejemplo de personas que comprenden perfectamente este punto y han logrado ser sus grandes artistas de referencia))).
El mapa de la felicidad se dibuja a base de valles y colinas, y de ríos caudalosos y de pequeños riachuelos que alimentan la tierra y le dan vigor y frescura. La felicidad consiste en sacarle el máximo jugo posible a nuestra existencia, en hacer algo que merezca la pena con la vida que uno tiene, cada uno de acuerdo con sus posibilidades y su situación.
Los perdedores, como los triunfadores, no se hacen de un día para otro, sino después de años de dejadez, abandono, desidia e indolencia; o, por el contrario, de tenacidad, de superación de las dificultades y de la capacidad para mirar siempre al horizonte que se dibuja en el porvenir (((en este punto subrayo mi admiración por Zafferano. Yo soy una extraña mezcla de estas dos vertientes; conjugo la procastinidad con la ilusión; gracias a ello me muevo; pero como propósito de enmienda, prometo trabajar para dejar la indolencia bajo llave. En cualquier caso, os recalco la esencia del subtítulo de mi propio blog: las grandes metas se consiguen con muchos pasos, poco a poco))).
La madurez es serenidad y benevolencia (((Aldara, retomo aquel día en que hablábamos sobre no sentirse maduro y cuándo saber que ya se es))). Y tener el agradecimiento a la vuelta de la esquina para ofrecérselo a aquéllos que, de una manera u otra, nos han ayudado en la travesía. El agradecimiento es la memoria del corazón. Hay que aspirar a una felicidad razonable, ya que la felicidad absoluta no existe; es una quimera, una pretensión vana, una utopía, fuegos de artificio de poca duración. Y una de las puertas de entrada a ella es la coherencia personal; otra, la ilusión.



