La ilusión es lo último que se pierde

las palabras del delfín

El vendedor de periódicos Julio 20, 2007

Archivado en: Memorias — illyakin @ 12:47 pm

Momentos del 38. Yo tenía… seis años. Hacía rato que me había acostado mi madre. Medio adormecido, entreabrí los ojos. Al dormitorio llegaba la luz indirecta del balcón de la salita, que daba a la calle, creando penumbra a mi alrededor. Un perchero quedaba a los pies de mi cama en un rincón. Colgando de él había ropa. Chaquetas, pantalones, sombreros, todo tipo de prendas. Mis ojos quedaron mirando fijamente el perchero…

Y entonces, como una maravilla que sólo la mente es capaz de crear, tomó vida una imagen formada por una oscura chaquetilla, unos pantalones y una gorra, iniciando  una veloz carrera con un paquete debajo del brazo.

Aquella imagen era la de un niño. Un niño que vendía periódicos.

Lo veía correr en una dirección. Luego se paraba, le daba a alguien un ejemplar y, dándose media vuelta, emprendía otra carrera hasta volverse a parar. Y así se pasaban los minutos carrera va y carrera viene, hasta que me dormí.

A raíz de aquella noche yo hacía lo posible por poner en aquel perchero las prendas de manera adecuada para vestir a mi amigo “el vendedor de periódicos”.

No hablaba. No decía nada ni voceaba su mercancía. Pero yo lo veía correr con una alegría que me extasiaba. Por más que vendía, nunca se le acababan los periódicos.

Y así pasaron muchos días, no sabría decir cuántos.

Una mañana, al salir del refugio tras pasar una noche de intenso bombardeo, llegamos frente a la casa. La consternación de mi familia era elocuente. Llantos y lamentos se sucedían y llenaban el aire a mi alrededor ante el espectáculo de la fachada del inmueble derrumbada en la calle, víctima de una bomba. Ya no existía el balcón de nuestro primer piso, nuestros muebles se veían desde la acera, desnudos ante la mirada extraña…

Mientras mi madre y mi tía seguían llorando por el desastre que se había originado, y como si compartiera con los adultos el temor hacia el futuro inmediato que se nos avecinaba, mis ojos se llenaron de lágrimas. Nunca más volvería a ver a mi amigo…

Y en mi llanto sonreí, consciente de que, a pesar de todo, aquella tarde no pudo destruir la parte de mi ser de donde brotaban la ilusión y la fantasía, porque al llorarle continué brindándole vida, dando por hecho que el vendedor de periódicos había existido.

La fachada del vendedor de periódicosLa fachada del vendedor de periódicosLa fachada del vendedor de periódicosLa fachada del vendedor de periódicosLa fachada del vendedor de periódicos

 

One Response to “El vendedor de periódicos”

  1. Zafferano Says:

    Voy a empezar por los primeros.
    Qué maravilla de relato, cómo se mezclan la fantasía y la realidad en la mente de un niño.
    Me parece de una enorme ternura.

    Besitos


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