Esta poesía cuelga escrita en un cuadro en casa, desde hace más de veinticinco años, adornando el cielo de un mar por el que navega un velero. Mi padre fue marino de corazón.
Adiós vientos que, en los foques,
diste fuerza en la ocasión.
Adiós, querida mesana.
Adiós, trinquete y mayor.
Hiende el aire, bauprés,
besa las olas del mar,
que ese sabor a sal,
a sal, querido bauprés,
yo quisiera, yo quisiera…
volver de nuevo a probar.




