Cartagena, 15 de agosto de 1980. Las seis de tarde.
Toni llamó a la puerta de la casa de su padre, reprimiendo el deseo de hacerlo con insistencia. Era por naturaleza educado, ciñéndose normalmente a los cánones de la sociedad. Dejó pasar varios segundos y, al cabo, viendo que no abrían la puerta, mandó el cuerno sus gentiles maneras, organizando con el timbre un verdadero escándalo. La matraca hizo su efecto rápidamente. La puerta se abrió, apareciendo su tío Carlos con cara de pocos amigos, abrochándose los botones de los pantalones cortos y con una zapatilla de menos. El improperio se quedó a la mitad del camino al ver a su sobrino.
-¡Toni! ¡Me dan ganas de machacarte!
Mientras se desahogaba hablando, lo abrazaba con verdadero cariño.
-Me has pillado en el aseo y todavía tengo la mitad del resuello en el vientre.
Toni sonreía mientras cerraba la puerta tras de sí. Luego entornó los ojos, dejando con placer que la agradable temperatura del aire acondicionado le invadiera por toda su piel.
-Pero chico, cómo vienes. Están empapado de sudor.
Toni se quitó la camisa.
-Por eso tenía tanta prisa por entrar en la casa, ¿qué te crees? Desde Madrid y conduciendo un coche sin refrigeración es para reventar. ¿Y mi padre?
-Ahí está, con la pata tiesa.
Toni entró en el salón, descubriendo a su padre sentado junto al ventanal que daba al jardín. La vivienda era un chalé adosado situado en las afueras de Cartagena. Luego miró la pierna derecha escayolada. Mauricio miró a su hijo con un brillo de alegría en sus ojos mientras le abría sus brazos. Toni lo abrazó, sentándose a su lado.
-¿Qué te parece el panorama, sobrino? -Carlos se había sentado junto a ellos después de recoger su zapatilla-. Aquí tienes a tu padre, dándoselas de marqués.
-Ya lo veo. ¿Pero cómo sucedió exactamente?
-Pues sencillamente que me caí de la escalera. Estaba en la tienda tratando de coger unos relés que estaban en la última estantería y se me fué el cuerpo. La fractura ha sido en el tobillo. Nada serio.
-Y también tiene contorsión en el fémur hasta la altura del codo -terminó de aclarar Carlos-. Porque tu padre se cayó a lo bestia sobre unas cajas que contenían motores, y aún no me explico cómo no se rompió la crisma, porque la escalerita tiene su altura.
Mauricio miró a su hermano con gesto paciente.
-No le hagas caso, Toni. Tengo algunas magulladuras y eso es todo. No tenías que haber venido con el calor que hace.
Toni sonrió y, levantándose lentamente, dijo bajando un poco el tono de su voz:
-Primero, que no sabía con exactitud lo que tenías. Y, además, es que tengo algo importante que deciros. Pero ahora me voy a duchar.
-¡Eh, eh! -atajó su tío-. ¡No nos irás a dejar con la miel en los labios!
Toni miró a los ojos de su padre que, todo expectante, más bien suplicaban.
-Está bien. Pues que me han hecho fijo en la empresa y me van a trasladar a Barcelona. Voy a ser uno de sus abogados.
Mauricio y Carlos corearon con alegría aquella noticia. Todo había sucedido relativamente pronto, la situación de Toni se estabilizaba.
* * * * * * *
Ya había transcurrido una hora y las conversaciones giraban en torno a los asuntos familiares.
-¿Vas a ir a ver a tus primos? -era Mauricio quien preguntaba a Toni.
-Ahora iré. ¿Y tú? ¿Has acabado el libro de tus memorias?
-El final está todavía calentito. Cuando volví de Madrid el uno de agosto lo terminé. ¿Te lo llevarás?
-Pues claro, ya lo leeré en mis ratos libres.
-Cuídalo, que quiero que también lo lean mis posibles descendientes -Mauricio hizo un gesto filosófico-. Una vez leí que el hombre tiene que hacer algo digno de ser escrito o escribir algo digno de ser leído. Mi pena es que no me enmarco en ninguna de estas dos razones.
-¿Qué quieres decir? -saltó Carlos como un resorte-, ¿que no merece la pena leerlo? Tú has escrito un libro, cosa que no todo el mundo hace.
Mauricio asintió dibujando una sonrisa de complacencia. Su estímulo era inapreciable. Luego cambió de conversación.
-¿Quieres traer unas cervezas?
Carlos se levantó.
-Para eso estoy. Y mi mujer sin llegar. Menuda alegría que le vas a dar a tu tía Carmen.
Desde el día del accidente, su hermano y su cuñada se habían instalado en su casa para atenderlo hasta que se puediera valer por sí mismo. Carlos marchó a la cocina, volviendo con tres cervezas. Luego le guiñó un ojo a Toni mientras le decía:
-¿Sabes cuáles son los proyectos de tu padre?
Toni bebió un buen trago.
-No tengo ni idea. ¿De qué se trata?
-Va a estudiar solfeo -en el tono de su voz se podría apreciar un asomo de guasa. Mauricio, que ya había bebido también su buen trago, miró a su hermano como perdonándole la vida.
-Eres un mendrugo, Carlos. Ni comprendes ni asumes los gustos de los demás.
-Yo sí que te comprendo, papá. Quieres estudiar solfeo para poder escribir tus canciones.
-Muy bien, hijo, has acertado. Y, resumiendo, diré que tengo una edad en la que ya he vivido lo suficiente como para escribir mis memorias, y juventud para seguir aprendiendo cosas.
-No lleves mis palabras a los Cerros de Úbeda. Te doy la razón y con ello quiero decirte que no soy ningún medrugo -el tono de Carlos era condescendiente-. Pero es que hay cosas prioritarias. Lo que tienes que hacer es casarte y bajar un poco de las nubes.
Toni miró a su tío. No quería encontrarse con la mirada de su padre. Mauricio dio un suspiro tratando de reconfortarse.
-Llevas razón, Carlos. Si esto me lo hubieras dicho hace unos meses, me hubiese enfadado. Ahora… ahora no. De verdad que lo he pensado.
-Me gusta que opines así. Como dice el título de la película, “No es bueno que el hombre esté solo”. ¿Y con quién te vas a casar?
-Joder, Carlos, sólo lo he pensado.
-Pues yo no te voy a buscar novia, que tú para encontrarla eres especial. ¿Has contado en tus memorias todas tus aventurillas?
Mauricio lo miró sonriente.
-Si te quieres enterar, las lees.
-Claro que las voy a leer. ¿Cuándo vuelves a Madrid, Toni?
-He pedido tres días de permiso.
-Bien. Las leeré en estos días.
Mauricio se rebulló en su asiento.
-Qué quieres que te diga, hermano. Ya sé que no eres tan mendrugo como quieres aparentar, pero desconozco el grado de tu verdadera sensibilidad.
-Soy como cualquier persona, lo que pasa es que no soy tan nostálgico como tú. Tú disfrutas recordando y, en parte, eso no es bueno.
Mauricio pensó que su hermano llevaba mucha razón.
Pocos minutos después, Toni se marchaba para visitar al resto de la familia.
Aquella noche, mientras todos dormían, Carlos cogió las hojas encuadernadas que contenían las memorias de su hermano y, sentándose en un sillón, las abrió con lentitud, dando inconscientemente un gesto de solemnidad a aquel momento.
Al aparecer ante sus ojos las primeras líneas, sintió un ligero escalofrío. Era el título.



